domingo, 6 de marzo de 2011

Vuelta a los 50

Una radio Grundig de esa época, un tocadiscos Elac Miracord 9, un disco de pizarra... En la era digital es una suerte poder seguir disfrutando de estas pequeñas cosas. Si el pasado forma parte indeleble de cada uno de nosotros, qué mejor que revivirlo en directo. Y saborearlo como si se comiera chocolate en los labios de otro.

martes, 1 de marzo de 2011

Una "vieja" grabación de una obra de Liszt, Todtentanz, a cargo de Byron Janis (piano), la Chicago SO y todos bajo la batuta de Reiner. En ella, Liszt parece como si dialogara con otra obra cumbre del periodo, la Sinfonía Fantástica de Berlioz.
Como "datos técnicos", decir que se trata de una grabación directa desde un disco de vinilo RCA Victrola, utilizando una cápsula Decca FFSS.
Lamento la publicidad :(
Si acaso no funcionara el objeto, se puede acceder mediante este link:
http://www.goear.com/listen/4fa2efb/liszt-todtentanz-byron-janis-chicago-so-reiner

domingo, 21 de noviembre de 2010

FALLO DEL I PREMIO DE POESÍA Y RELATO LA VENTA DE LAS PALABRAS

Un Jurado, compuesto por Dña. Josefa Perona Bonilla, Presidenta del mismo en su calidad de Directora del I.E.S La Hontanilla, entidad convocante; D. Santiago Vieco Martínez, representante de la Excma. Diputación Provincial de Cuenca, entidad colaboradora; y D. Francisco Corrales Fernández de la Puebla, escritor y profesor de Lengua y Literatura; D. Gerardo Martínez Toledano, profesor de Lengua y Literatura, y D. Juan Ramón Mansilla, escritor y profesor,

ha decidido conceder por unanimidad

El I Premio de Poesía La Venta de las Palabras a la obra El tiempo de Ireneo, valorando la intensidad de su propuesta poética así como su capacidad de tensionar el lenguaje, cuyo autor, tras abrirse la correspondiente plica, ha resultado ser D. Luis Manuel Pérez Boitel.

El I Premio de Relato La Venta de las Palabras a la obra Cinco Citas, valorando su coherencia y eficacia narrativas, cuyo autor, tras abrirse la correspondiente plica, ha resultado ser D. Jaume Palau Banús.

Tarancón (Cuenca), a 11 de noviembre de 2010

http://www.guiadeconcursos.com/concursosliterarios/?p=131

http://www.premiosliterarios.com/

http://latclasintque.blogcip.cu/2010/11/21/la-hontanilla-premia-a-boitel/

martes, 17 de agosto de 2010

CLASE DE HISTORIA

Sí, mein professeur, el formulario

fue una gran tomadura de pelo,

urdido para que los pájaros cayeran sobre los patios

y tras los pupitres los críos se arrodillaran en filas de a tres.

Pero el río es así y qué falta hace que adquiera otro sentido.

Los alumnos lo repetían cantando:

la tribu remontó el cauce,

un vado tras otro,

una vasta pradera

llena de trigo, hidromiel y manzanos,

allí fundaron la primera ciudad.

Leyendas de un viejo chamán. Fuegos de artificio.

Sí, mein professeur, mon leader,

ella dejó entonces de bailar,

se cancelaron las canciones

y se supo lo que era en verdad el desierto,

no ese friso de arena dorando el horizonte hacia el sur.

¿Qué más quiere? Los meridianos y los relojes

latían al unísono y se tasó la seda de acuerdo

con su patrón. ¿Por qué hace compartir esas quimeras?

¿Por qué debemos renegar de nuestros males?

¿Por qué si el corazón sigue su ritmo de un hombre a otro?

Sí, mein professeur, tendrán el paraíso

quienes bien aprendan las cosas.

Los réprobos ni el pan, ni el sílex, ni el fuego.

No se lamente.

Sólo sonría, por favor.

lunes, 5 de julio de 2010

Se encuentra a punto de salir el nº 4 de Hilos de Araña. En esta ocasión contamos con un pequeño ensayo de Rosa Delor sobre Salvador Espriu; la prosa de José Ángel Cilleruelo, Luis María Murciano y María Teresa Valencia Cañas; poemas de Vicente Luis Mora, Balbina Prior, Juan Ramón Mansilla, Víctor Jiménez, Ezequías Blanco, Amador Palacios, Vasco Gato, Pilar Adón y Enrique Barrero; reseñas de Jorge de Arco, Francisco Corrales y Juan Ramón Mansilla; obra gráfica original de Manuel J. Carmona. La firma invitada, en esta ocasión, es Joumana Haddad.
Pronto, espero, irán llegando los envíos.

lunes, 24 de mayo de 2010

CONJUGACIÓN BÁSICA
Yo estoy harto.
Tú estás hart@.
Él nos está hartando.
Nosotr@s estamos hart@s.
Vosotr@s estáis hart@s.
Ellos se han pegado una jartá
(y ahora los de siempre a pagar la cuenta del banquete)

domingo, 23 de mayo de 2010

Sin palabras (y una china en el zapato)

viernes, 14 de mayo de 2010

(Edward Hopper, Compartment C, Car 293)

Cuando Jorge Luis Borges quiso hablar del universo, lo comparó con una Biblioteca infinita, la Biblioteca de Babel. Borges, apasionado de la lectura, ciego al que había que leerle, dijo que basta con que un libro sea posible, para que exista. No se hallaba muy lejos de un Pessoa para el que lo vivido en un libro era más vívido que la propia realidad.

Pero no es de esto de lo que deseo hablar. No, solo quiero contar una historia breve, en parte de todos conocida. Un relato que es también una pequeña historia del mundo.

¿Se acuerdan de Eva, Adán y la manzana? Pues bien, esa fruta en realidad no era una fruta, sino la metáfora de algo mucho más precioso y suculento: el lenguaje, la palabra. La facultad de nombrar pues, como es bien sabido, Dios al tiempo que creaba iba dando nombre a lo creado y, de ese modo, dándole verdadera existencia. Y es que, lo supo desde el instante en que utilizó tal herramienta, la palabra era capaz de otorgar identidad a lo que todavía no era y nunca sería sin ser nombrado.

¿Han intentado alguna vez observar, pensar, comprender algo sin utilizar el lenguaje? No se desanimen, a ese dios le ocurrió lo mismo. De ahí que se reservara, como lo más preciado y lo más secreto, el fruto de la palabra: la sabiduría. De ahí que expulsara del paraíso, y con tal saña, a esa pareja de atrevidos.

Claro que la cosa no quedó ahí. En el mundo antiguo la palabra mantuvo su carácter mágico y sagrado. Verbo, es decir palabra, fue el título que los hebreos le dieron a su dios. Nombrar era no solo conocer sino posesionarse de la realidad. Por eso el nombre verdadero, tanto de ese dios como de cada persona, debía permanecer oculto. Quien lo conociera, se dijo, podría dominarlo. La palabra se hizo sinónimo de espíritu y quienes manejaban los resortes íntimos de ambos (¿de qué otra cosa si no se valieron los oráculos y los profetas?) se alzaron como guías de la comunidad.

Luego se desarrolló la escritura y, durante siglos, ésta disciplina fue apropiada por unos pocos, un saber reservado a unos pocos. Era poder y, como tal, por el poder debía ser monopolizada no sea que se desmandase y luego a ver quién era el guapo que la devolvía al redil.

Los tiempos pasaron, también la Historia, pero este asunto permaneció más o menos inmutable. Hasta que con Gutenberg llegó la imprenta y comenzó a democratizarse la lectura. Pero entonces –más o menos como sucediera con la manzana- los poderosos se sintieron amenazados, vieron el más que evidente peligro de que el saber se les descontrolara, que dejase de ser lo conveniente.

Pero para todo hay remedio. Qué mejor que poner vallas al campo, confeccionar listas de libros malsanos y, por tanto, prohibidos (como la del famoso Índice de la Inquisición), hacer grandes hogueras con tan peligrosas obras, pegar la tea encendida a palabras e ideas tales que hacían temblar los cimientos de la civilización.

Se descubrió América y la ley de gravitación universal; la penicilina y el motor de explosión, pero la situación no es que cambiara mucho para los libros. Para colmo, ya en el siglo XX (¿les dicen algo los nombres de Stalin, Hitler o Franco?), los diversos regímenes totalitarios prosiguieron, y ampliaron, tal ensañamiento contra los libros. Debían imponer su pensamiento único y, cuando tal se pretende, ¡es tan peligrosa la palabra en libertad!

Lean. Lean, dejen un lugar a su lado para un libro pues mucho de lo que somos a ellos se lo debemos. Yo, al menos, no sabría reconocer el mundo ni reconocerme sin los libros. Los libros que estuvieron conmigo desde la infancia. Sin duda, el mejor legado que le debo a mi padre.

Lean pues, como escribiera Herman Hesse:

Todos los libros del mundo no te dan felicidad pero te conducen en secreto hacia ti mismo. Allí encuentras todo lo que necesitas, el sol, las estrellas y la luna pues la luz que tú buscas habita en ti mismo. La sabiduría que buscaste en las librerías reluce en cada página… Y ahora es tuya.

Lean, por favor. Sean libres. Muerdan esta manzana. Sean libres.

domingo, 25 de abril de 2010

¿Aún estamos con ésas, hermano? El mapa

de Europa siempre incompleto, idas y venidas, fronteras

y el mínimo común divisor, puntos de apoyo tan frágiles

como el hielo en el instante de derretirse.

Debía moverme con tacto de ciego,

buscar palabras lazarillos, sumar los pasos

que dura una calle, los ángulos de los valles

en V de cada cordillera.

Lo dejé, llevaba demasiado tiempo y no se trababa de un juego

aunque cada tarde jugara. Apostar a perder

era la manera de multiplicar por cero las ganancias.

La única certeza.

Relumbre de relámpagos en el cielo de invierno,

el momento de la revelación. Enero pasará muy rápido,

lo celebraremos la próxima vez, es fácil,

el mañana aún no está.

Celebrarlo igual que matizamos este verso

y los siguientes, vestirlos con ropa de faena

o de tiempo real. ¿No es cierto?

El sobre sin remite: este presente.

lunes, 1 de febrero de 2010

Acaba de salir de imprenta el tercer número de Hilos de Araña. En breve se procederá a su distribución y envío.
En él encontramos textos de Pilar Adón, Neus Aguado, José Antonio Almeida, Jorge de Arco, Enrique Barrero, Claude Chambard, Francisco Corrales Fernández, Eça de Queiroz, Margot Farreira, José Ángel García, Rosaura Lande, Francisco Mora, Sabas Martín, J. Jorge Sánchez; traducciones de María Teresa Valencia Cañas y Juan Ramón Mansilla, así como obra gráfica original de Fátima Tinajero López.

sábado, 23 de enero de 2010

SOBREVOLANDO LOS ALPES

Cualquier paisaje es un error. Simple cuestión de simetría.
El tedio tuvo alguna parte en ello: moldes
demasiado viejos, el torno inmóvil en el alfar.
Lo que los arquitectos del Estado no previeron
fue esa enorme alfombra de nata salpimentada de alerces.
Vais a tener que empezar de nuevo, les diríamos,
son cáscaras las cimas y las habéis llenado de arroyos.
Algo así. Algo hecho despacio mientras el piano responde
al trío de cuerdas.
La desidia aqueja también a la geografía. Los motivos
se repiten y repiten como los platos de un menú.
Menos mal que la naturaleza nos reserva algo asombroso.
Una rama entre la hierba, un guijarro a la orilla del mar.
La flecha estacional de las grullas escribe el camino correcto
con letra alborotada. ¿La elección? Ir. Venir.
Así que puedes estar tranquilo, nadie va a meter mano
en tu cuenta bancaria. Puedes dejar allí las fotografías,
confiar tu pasado al cajero, sumar si quieres de una
en una cada esquirla de tu vida.
Un día, como un albatros, caerá el sol en picado sobre la espuma,
tomará su pez y remontará el vuelo.
Ese día que fue todo lo que éramos.
Hay que sopesar las circunstancias como en Puerto Príncipe
las damas de alcurnia sopesaban los testículos
de los esclavos antes de su venta.
El Danubio por la mañana: una roja compota y el rocío.
Todo fresco. La cara recién lavada. Hora
de vestirse y salir. Pero, ¿y si no hubiera calle?
¿Y si las cosas hubieran vuelto a algo previo a la creación?
Salir de casa para siempre. Presagios escritos
en las vísceras de las aves más exóticas.
¿Qué acertijo es éste?
Aquí abajo todo son trabalenguas, alguien murmura.
Oh, mi valiente magiar, exclama la mujer,
hay bombones en la mesa, un lápiz y un sobre sin franqueo.
Hay que tratar de recoger la casa antes de que la tierra
se rompa en mil pedazos, deshacer las maletas y tender el mantel.
Quizá Toussaint Louverture regrese a liberar el alma de los muertos.
Hay que ser precavidos. Doblar la página en uno de sus vértices,
extraer de los cuerpos deshechos alguna idea de civilización.
Créetelo: las noches al raso son terribles ahora,
la angustia que sientes no solo a ti pertenece, es poderosa,
se duplica. Al cabo de unos años, apenas una esquina
en un periódico. La rutina es el mal que padece la historia.
Ásperas plantas de pies, arrugas, la carne viva, el tropel de la sangre.
Las ruinas.
Sí, mi amor, este no es el paraíso prometido. Aquí
no hay quien crea a los dioses ni quien colme su despensa.
Menos aún.

martes, 19 de mayo de 2009

¿Poesía? Poder

Del variopinto mundo de la poesía española, dos títulos pueden resumir perfectamente uno de sus males: el efecto acogotador y caníbal de ciertos grupos de poder, de determinadas camarillas que ni en tiempos de la reina castiza. Uno es el Playstation de Cristina Peri Rossi, último premio Loewe. El otro Intuiciones de Fernando Lamata. Ambos caen, desde ópticas diferentes en el mismo charco: un vulgar prosaísmo que acaso parte del convencimiento de que poesía es la disposición en versos de cualquier texto. Valgan los siguientes de Peri Rossi:
"Me llaman de una editorial
y me piden que escriba
cinco folios sobre la necesidad de la lectura
No pagan muy bien".
Pues eso. Aunque difícilmente será su caso. No su caso es bien distinto: suculentos dividendos por un ¿poemario? atroz, premiado por un jurado de amigos, muchos de los cuales son jurados de otros premios que acaba publicando la editorial que les paga. Vamos: un ejemplo más del síndrome de juanpalomo. El caso de Lamata, aunque desde presupuestos distintos, acaba siendo similar: cargo político regional metido a rapsoda que, ¿será por aquello de las subvenciones?, encuentra editorial que publica sus versitos de más que pobre prosodia.
Poder. Tal es el denominador común de ambos caso. Un viejo asunto del que ya hablara Propercio. La literatura, la poesía, es accesoria.

jueves, 14 de mayo de 2009

Francisco Mora: Palabras para conjugar tu nombre. ExLibris Ediciones, 2009.
El pasado día 8 de mayo, en el marco de la FLLIC, Francisco Mora nos aproximó a Palabras para conjugar tu nombre, su último poemario. Sucedió dentro de un acto colectivo organizado por la editorial ExLibris. Colectivo y, más que variado, desigual. Junto a propuestas sólidas (la del propio Mora o la de José Ángel García), hubo alguna otra que de puro bochorno, tocada por las musas del subvencionismo que no por las de la poesía, debiera movernos a una reflexión sobre los criterios utilizados por los poderes públicos para la promoción de la cosa literaria (basta repasar, y leer, los fondos y obras de tantos servicios de publicaciones locales, provinciales o autonómicos donde, junto a obras magníficas, malduermen numerosos paniaguados). Frente a ese totum revolutum, el libro de Francisco Mora hubiera requerido una presentación a solas, donde sus Palabras pudieran, pausadas, serenas, calladas, haber conjugado los nombres. Todos sus nombres. Y es que Mora, poeta de una pieza, nos ofrece un poemario poliédrico, intimista pero a veces mordaz, ni ajeno a la vida ni a la literatura (el poema Las hormigas, magnífico, o la sección Una cabaña al aire son tanto una reflexión metaliteraria como toda una declaración de principios vivenciales), en el que resuenan voces que nos devuelven siempre sus ecos. Un poemario que además supone, ya ocurría con Memoria del silencio, una liberación de la tutela, nunca impuesta ni impostada, de Diego Jesús Jiménez. En Palabras para conjugar tu nombre la memoria, esa memoria de penumbra lánguida que habitaba sus primeros poemarios, va dejando paso a una memoria más analítica, menos herida, de una mayor vitalismo. Capaz de rendir y pedir cuentas al pasado, de saber que “andar con las migajas de aquel niño / en los bolsillos no va a devolvértelo”. Bodegón, De prestado, Parranda, Fantasmas, Inscripción, son poemas que lo atestiguan. Pero no sólo de memoria viven estas Palabras de Francisco Mora. También en ellos aflora el problema del espejo y la otredad. Y el amor, ese hilo conductor de buena parte del libro (especialmente en títulos, y no cito todos, como Condena, Costumbre, Divertimento, Biografía), hasta el punto de que esta obra más que ninguna otra anterior se desborda en emociones. Aunque yo no diría sólo el amor, sino la luz. Una luz que se convierte en elemento vivificador y da a la palabra nuevo brío y contrastes. Contrastes que se reflejan también entre los propios poemas. Si bien, y en general, la palabra poética de Mora se ha hecho cada vez más esencial, más desnuda y precisa, es curiosamente en los poemas de mayor extensión donde mejor se resuelve (acaso por ser más acordes a su quedo y hondo decir), y no tanto en los cortos o los de cierto sesgo experiencista o social tales como Intemperie o Luna vieja (tal vez por la tensión que imponen contra el intimismo de nuestro autor). Pero claro, como decía más arriba, este Palabras para conjugar tu nombre es, tal y como cualquiera somos, una obra poliédrica. Y sobre todo es una propuesta sugerente, capaz de partir de un mundo para crear otro, denso en su mítica cotidiana. Inquietante en ocasiones. Además, y eso me agrada, exige al lector que se adentre en él, que no sea complaciente, que se deje llevar en sus aguas, ya sean calmas o tempestuosas, pero que no se limite a ir en la barca, sino que reme pues, tal y como Francisco Mora cierra el libro, no entregará nunca “su mejor verso al usurero”.

domingo, 22 de febrero de 2009

Valter Hugo Mãe

Valter Hugo Mãe nació en Angola en 1971. Fue vencedor del premio José Saramago con la novela O Remorso de Baltazar Serapião (Editorial Quidnovi, 2006). Autor también de la novela O Nosso Reino (Editorial Temas & Debates, 2004). Entre sus diversos libros de poesia cabe destacar: Bruno (Littera, 2007); Pornografia erudita (Edições Cosmorama, 2007); Livro de Maldições (Objecto Cardíaco, 2006); Útero (Quasi, 2003); A Cobrição das Filhas (Quasi, 2001) y Três minutos antes de a maré encher (Quasi, 2000).Su poesía está traducida y editada en antologías o libros independientes en países como Brasil, República Checa, Túnez, Israel, Alemania, Suiza, Francia, Eslovenia, Estonia. Estados Unidos y España.Se dedica de forma esporádica a las artes plásticas, habiendo realizado su primera exposición, titulada O Rosto de Gregor Samsa, a finales de 2006.

cuando conversan son

paisajes dentro

de ancianos o visiones

de almas al borde del

infierno

se sientan sobre los niños

de piernas abiertas

para silenciarlos también, incendiarias,

los cuerpos brotando

como hongos

anhelan expuestas,

observando, el miasma

anuncia tu migración

los viejos regresan, más

intensos aún, y suben a las

altas piedras

como monstruos en llamas

De útero. Quasi Edições, 2003.

La imagen es un grabado de Escher

jueves, 19 de febrero de 2009

Cuando uno tiene que tomar una decisión crucial, en esos instantes en que parece que todo se desploma, es cuando sabe que la vida, la individual y la de la especie, no es sino mero accidente. Pura fatalidad. En esos momentos importan tres narices la poesía, porque jamás salvará nada. La teoría de la relatividad, porque sólo se desea un absoluto: la cima o la sima. La música, porque su armonía te hace más evidente aún el puro desequilibrio. Y la decisión no es sino un alambre delgadísmo que separa dos mitades de puro miedo. Lo vivido, para qué. Lo por vivir, para qué. Y por mucho que uno se empeñe, no puede refugiarse en el pasado. No, esos días azules y ese sol de la infancia (Antonio Machado) ni irradian ni calientan. Tampoco puede cobijarse en el presente, En el alambre. En el alambre que escinde y mutila. Mucho menos esperar nada de los improbables paraísos del futuro. Los paraísos en realidad son como esos complejos playeros, esos guetos del lujo : sales de ellos y te topas de bruces con la miseria de la realidad. Así que este daiquiri va por ustedes. Y por la vida. Esa fatalidad

domingo, 18 de enero de 2009

Cuanto más avanzo por la modernidad más prefiero las antiguallas. Libros en ediciones antiguas. La música en vinilo e incluso en discos de pizarra. Fotografías en blanco y negro. Cosas del envejecer, intuyo, aunque también el gusto por ver y tocar lo que uno usa, saberlo aromado por el tiempo, más vivo que todo lo recién parido, lleno de voces. Tal vez hubiera sido la solución para el arpa de Bécquer: lejos del adagio por su permanecer polvoriento, un allegro molto vivace por todo ese polvo que no es sino una victoria callada contra los años.
Día de cine, ayer. ¿La película? La tan afamada La clase (Entre les murs, en su francés original), de Laurent Cantet. Palma de Oro en Cannes. Copio un extracto de una crítica:
"El film deja atrás el sensacionalismo y utiliza el hiperrealismo, a forma de docudrama, tan de moda en los último tiempos. Cantet retrata la multirracial francesa, sin ningún tipo de juicio. Desde el primer momento, el espectador no podrá quitar sus ojos de la pantalla, en gran parte por sus grandes diálogos."
Sea. El caso es que de la proyección sólo recuerdo cuatro pinceladas: mis ojos vencidos por la modorra del aburrimiento, el ronquido inevitable, el sabor del cigarro, ofrenda de alivio, nada más salir de la sala y la convicción de que cuanto, más cine actual veo, más prefiero el de los años cuarenta o cincuenta.

martes, 30 de diciembre de 2008

Curioso lo que hacemos con el tiempo, contra el tiempo. Cómo lo maltratamos, lo eludimos con nuestro desdén, con nuestra indiferencia.
Dentro de poco habremos despedido el año que termina, alegres en su adiós, ufanos en la acogida al otro que principia. Tan satisfechos, tan burbujeantes que ni percibiremos siquiera que no es el año, el tiempo, quien se va sino nosotros. Sólo nosotros. Y haremos las consabidas promesas. Y, en voz alta o a hurtadillas, formularemos fútiles anhelos. Proyectos repetidos. Migajas de nosotros en el tiempo. Rainer Maria Rilke lo expresó de modo más nítido y bello:
El futuro... no se mueve: somos nosotros los que deambulamos por el espacio infinito.
Y en ese deambular poco logramos salvo proyectar los horrores y maravillas de lo que nos perteneció porque fuimos. Apenas poco más que recorrer el rastro de lo que perdimos y, una vez y otra, seguimos buscando sin percatarnos de que la pérdida es el único motivo del lienzo. Deambulamos, en fin, de uno a otro de nosotros mismos. Segmentos de un tiempo acurrucado en el rescoldo del tiempo ido.
Así que, cuando se hayan felicitado por el año nuevo, sean precavidos: compadézcanse de esos ustedes mismos que ya nunca volverán a ser.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Desde la habitación de un hospital la nieve, como la vida, es algo que sucede al margen de uno mismo. Algo irreal, producto más de la filosofía que de la atmósfera. En ese instante uno da en pensar que, como los copos, no es sino una indeterminada sucesión de unos que caen sin conocerse. El que ve caer la nieve, el que cierra la pluma una vez escritas estas reflexiones, el que luego, días más tarde, las teclea en el ordenador. Algo en mi rostro habrá mudado de entonces a ahora. Y algo en el paisaje habrá trocado esa nieve por una mancha gris, un fragmento de luz o un barro sucio. Cosas que, extintas, nos llaman desde el pasado. Como cada uno de esos yo.

martes, 11 de noviembre de 2008

Las conversaciones en clase, más allá de la materia que se explica, a menudo deparan sorpresas. Al fin, toda persona, salvo que esté acabada, es siempre un alumno. Hoy, sin ir más lejos, se ha hecho una vez más evidente lo obvio: el absurdo al que nos abocamos si comprendemos el pasado desde el presente, de manera que cualquier avance de otrora visto desde el hoy deviene retroceso. La engañosa hoydad marca así su tesis: avanzamos retrocediendo. Lo cual, como la de la flecha y el arquero, es pura paradoja. Aunque la flecha, pese al imposible teórico, acaba por clavarse en el blanco. Será costumbre.
Las concepciones del espacio y del tiempo andan por lo general con sus retruécanos. Y da igual que sea el pasado quien nos explique por mucho que queramos entender lo que fuimos desde el escurridizo presente. Ni más ni menos que lo que T. S. Elliot, tan bellamente, nos dice en "Burnt Norton", el primero de sus Cuatro Cuartetos:
"Si es eternamente presente el tiempo
todo, todo el tiempo es irredimible.
(...)
Resuenan pisadas en la memoria
por el camino que no recorrimos
hacia la puerta de la rosaleda
que no abrimos nunca..."

Por cierto, la puerta, y el cuadro, son de Edward Hopper.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Las cosas te llevan y te traen. Como la marea las algas. De la última película de Steven Soderbergh, Che: el argentino, voy a los Diarios de Bolivia, escritos por el Che. Reconozco que nunca me gustó la vida de los santos (si exceptuamos la de San Agustín, con ese punto de crápula y vividor que reflejan Las Confesiones), y ese film es pura hagiografía. Pero puestos a desmitificar "la figura más grande del siglo pasado en Latinoamérica" (en palabras del protagonista, Benicio del Toro, claro que a él en la cosa le van, más que el sueldo, los dividendos), nada mejor que leer sus Diarios. Qué vida tan prosaica y aburrida la del revolucionario. Un ir de aquí para allá sin que suceda apenas nada. Una notaría de pobres andanzas y aburrida escritura. Bueno, al menos queda la foto de Korda. ¡Ay!, qué sería del Che sin esa foto. Es lo que tienen los iconos: un beso en París será siempre el fotografíado por Robert Doisneau.